PROPOSTA PARA SUPRIMIR AS PAGAS EXTRAS DE NADAL


MOCIÓN DE URXENCIA . PLENO 26/07/2012

PROPOSTA PARA SUPRIMIR AS PAGAS EXTRAS DE NADAL A TODOS OS CARGOS POLÍTICOS DO CONCELLO DE TUI


Dado que:

-Que o estado español está na bancarrota.
-Que o goberno central acaba de anunciar a supresión da paga extra de nadal dos funcionarios.
-Que o goberno central do PP está batindo absolutamente todos os records en subida de presión fiscal, tendo subido o IVE, o IPRF, o Imposto de Sociedade, os Impostos Especiais, ogrigado a subir o IBI, etc


Converxencia XXI propón

-Que o pleno municipal propoña a supresión da paga extra de nadal aos cargos políticos do concello, o que inclue ao alcalde e aos concelleiros asalariados, que son todos os do Partido Popular excepto dous.


Asinado: Carlos Vázquez Padín
Voceiro de Converxencia XXI

A proposta de C.XXI saiu adiante cos votos a favor dos concelleiros do PP, AT, PSOE e a abstención do BNG. 



UNA DEFINICIÓN LIBERAL DE NACIONALISMO


Comparto este artigo que escribin por encargo do think tank liberal polaco Projekt Polska, foi redactado orixinalmente en castelán porque contaban con tradutor castelán-polaco. 

El liberalismo ofrece unas posibilidades teóricas muy potentes en relación a la conexión entre la libertad individual y la libertad nacional, vaya por delante que no coincido con el planteamiento de algunos liberales, que habitualmente son ciudadanos de estados con los que se identifican nacionalmente y que, a veces, contraponen, por un lado, el liberalismo y la libertad individual y por otro lado el nacionalismo, sin introducir ningún matiz en relación a los diversos tipos de nacionalismo existentes en el plano teórico o en el plano práctico.

El argumento de estas personas consiste en decir que el liberalismo es opuesto al nacionalismo debido a que el liberalismo focaliza en el individuo, en la libertad individual, y el nacionalismo en la colectividad. No tendría nada que objetarles si lo que entienden como nacionalismo es la subordinación total e involuntaria del individuo a un proyecto colectivo, si entienden como nacionalismo la afirmación de lo propio a costa del desprecio de lo ajeno o si entienden por nacionalismo la construcción de un proyecto colectivo no definido democráticamente.

No soy partidario de los conceptos esencialistas de nación, que definen la nación como un elemento incontrovertible, con legitimidad en la historia, o en una serie de elementos objetivos como una lengua, un territorio y una cultura. Sin embargo, estos elementos pueden llegar a ser cruciales si conforman la base de una nación de la voluntad, es decir, forman la base para que la ciudadanía pueda manifestar su voluntad de constituir realmente sobre estos elementos una nación definida democrática o plebiscitariamente, pero per se, sin la existencia de una comunidad política que desee partir de esos elementos objetivos para la concreción de un proyecto nacional, no tienen capacidad definitoria del carácter nacional.

La legitimidad nacional liberal se debe sustentar sobre los pilares del respeto a los acuerdos libres y voluntarios entre individuos y a sus decisiones expresadas democráticamente, no hay por lo tanto, y desde un punto de vista liberal, ninguna fuente de legitimidad nacional válida que no sea la libre decisión o la libre determinación agregada, en la forma que estos deseen, de los individuos. Por lo que no comparto criterios historicistas, igualmente esencialistas y antidemocráticos, representados en nacionalismos de estado como el español o el francés y que no dudan en despreciar la validez de la voluntad democrática de los pueblos afirmando que la existencia durante quinientos años de un estado-nación de límites invariables prueba automáticamente la existencia de única nación en el mismo territorio.

Sin embargo, si ser nacionalista es defender el derecho y la voluntad democrática de una mayoría de ciudadanos de un pueblo asentado en un territorio a manifestar su libre deseo de agruparse, auto organizarse y decidir democráticamente cual es el marco de decisión política de su preferencia, incluyendo la decisión de compartir o no su soberanía no me importaría, en absoluto, definirme como nacionalista.

El liberalismo y la defensa política de la existencia de una nación son perfectamente compatibles y mutuamente enriquecedores. El individuo libre tiene una tendencia natural a agruparse en comunidades nacionales y las posibilidades de desarrollo individual dependen enormemente del desarrolo de una determinada comunidad nacional. Las libertades individuales, incluyendo los derechos humanos que el liberalismo proclamó, son papel mojado, donde la nación fracasa, donde no hay una agrupación humana de individuos libres capaces de dotarse de un estado que garantice la propiedad privada y la seguridad.

Muchos lugares de África son un buen ejemplo, de lo perjudiciales que son para el individuo aquellas sociedades donde el estado no es capaz de garantizar un marco elemental para el desarrollo humano, como el respeto a la propiedad privada, a los derechos humanos y la igualdad ante la ley, por lo que debo concluir que el nacionalismo democrático y liberal que da lugar a un estado es imprescindible para la plena realización del individuo en libertad.

Los que creemos en la libertad individual como un valor supremo simpatizamos con aquellas naciones forjadas por la interacción espontanea, libre y voluntaria de individuos –las naciones espontaneas- que no fueron fruto de decisiones directas de construcción colectiva antidemocrática, es decir, creaciones de ingenieria social implementadas a través de la violencia y de la coacción del aparato estatal.

Si se habla el idioma gallego de Ribadeo a Tui o de Fisterra a O Barco de Valdeorras, localidades ubicadas en los extremos geográficos de Galicia, no es porque nadie utilizase un determinado poder político para lograrlo, mientras que el hecho de que se hable español desde A Coruña hasta Murcia o francés desde Brest a Perpiñán, responde a una decisión constructivista e intervencionista, claramente antiliberal en la medida en que supuso violentar a los individuos y tomada desde esferas de poder político, generalmente no escogidas democraticamente, esta si sería una forma de nacionalismo abiertamente opuesta al liberalismo.

El liberalismo puede y debe sentirse plenamente identificado con aquella nación que es fruto de la interacción y de la decisión humana libre y voluntaria mientras que la nación construida, la nación que ha sido fruto de ingeniería política implementada con coerción a través de un determinado aparato estatal no encuentro como podría ser defendible para un liberal.

Creo, por lo tanto que son claramente distinguibles dos tipologías de nacionalismo por cuanto se refiere a su compatibilidad con el respecto a la libertad individual y consecuentemente a su compatibilidad con el liberalismo. Para Mises, “una nación, confirma diariamente su existencia al manifestar su voluntad de cooperar politicamente dentro de un estado […] una nación no tiene, pues, derecho a decirle a una provincia: me perteneces […]. Una provincia consiste en sus habitantes. Si alguien tiene derecho a ser oido en ese caso son sus habitantes. Las disputas de fronteras deberían ser resueltas mediante un plebiscito”. Lo que Mises está afirmando en la anterior frase es el derecho de autodeterminación.

Ludwig Von Mises en "Nación, Estado e Economía" obra publicada en 1919 vincula la existencia de una nación a una comunidad lingüística y habla de la libertad nacional como una extensión natural de la libertad individual, como corresponde a la secuencia lógica de pensamiento de un liberal, el autor austriaco parte del individuo para definir la nación por eso escoge la lengua como rasgo definitorio de lo que el individuo refleja el carácter de su nacionalidad, al mismo tiempo que niega que la “raza” pueda ser dicho elemento lo que dicho nace casi un siglo, cuando el racismo comenzaba a campar a sus anchas en toda Europa, indica mucho sobre la verdadera naturaleza de la doctrina liberal.

Desde un punto de vista liberal la nación la representa un conjunto de comportamientos pautados , la lengua y la cultura especialmente, regidos por un orden espontáneo, lo que obviamente excluiría a aquellas naciones cuya existencia se debe a la coerción y no a un orden espontaneo, como serían los casos de España o de Francia.

El mismo autor define dos tipos o categorías de nacionalismo, el liberal o pacifista, por un lado y el militarista o imperialista, "al principio absolutista que impele al soberano a someter al propio dominio todos los territorios que pretende conquistar, el liberalismo contrapone el principio de autodeterminación de los pueblos, corolario necesario del principio de los derechos del hombre. Ningún pueblo y ninguna parte de un pueblo deben ser retenidos contra su voluntad en un conjunto estatal que rechazan. La nación política es la expresión del conjunto de aquellos que, animados del sentimiento de libertad, quieren formar un Estado".

El nacionalismo liberal es consustancialmente pacifista ya que en el principio de nacionalidad no se lanza contra los miembros de otras nacionalidades sino contra el tirano, en la actualidad podremos identificar con facilidad al tirano, no como un monarca absoluto pero si como un Estado que impida por la fuerza o a través de diversas artimañas el ejercicio del derecho de autodeterminación, por ejemplo, aplicando una aritmética democrática de mayorías y minorías, donde las mayorías nacionales se imponen a las minorías nacionales, revistiendo de legalidad constitucional y legitimidad democrática una imposición tiránica.

El ejemplo de España es claro en este sentido, desde el punto de vista de la legalidad vigente, la soberanía reside en el conjunto de la ciudadanía del estado, facilitando de esta manera que la mayoria que se identifica con el estado-nación constituido pueda impedir la autodeterminación de aquellos pueblos que son menos numerosos poblacionalmente y como se les impide expresarse, no sabemos si se encuentran a gusto dentro del mismo marco estatal.

En el nacionalismo liberal no existe antítesis alguna entre nacionalismo y cosmopolitismo, la idea liberal es nacional y cosmopolita al mismo tiempo, además de ser genuinamente revolucionaria, por querer abatir toda autoridad que no esté de acuerdo con sus principios, pero también es pacifista, en un mundo donde todos los pueblos estuviesen liberados perteneciendo al marco estatal de su elección y donde todos los pueblos respetasen el derecho a decidir de los demás pueblos, eliminaríamos un motivo de guerra y de conflicto, si a esto le unimos la interdependencia espontanea que genera el libre comercio, que permite el intercambio pacífico y lucrativo de recursos y que genera una voluntad y un interés en preservar la estabilidad y la paz, pues las posibilidades de guerras se reducirían prácticamente a cero.

Podemos observar con meridiana claridad como el pensamento liberal encaja como un guante con la defensa de la existencia política de las naciones sin estado, como Galicia, Escocia, Gales, Cataluña, Kurdistán, Sahara, Quebec, Córcega, Flandes, y del derecho que estas tienen a constituir un estado propio o a escoger otra fórmula de relación dentro del estado en el que están, y deberían poder decidirlo a través de un referéndum de autodeterminación.

Quien si entra en profunda contradición con el liberalismo no es quien defiende el derecho de autodeterminación de cualquier pueblo del mundo sino quien no cuestiona la falta de legitimidad liberal de un constructo colectivista e imperialista, una obra de ingeniería social hecha desde un profundo intervencionismo público y basada en el ejercicio de la violencia más o menos manifiesta, violencia que se perpetua al negar el derecho de autodeterminación a los pueblos que son minoritarios dentro de ese estado.

El liberalismo también encaja con la identificación nacional con aquellas naciones que han logrado dotarse de un estado propio sin recurrir a la coacción estatal sobre otros pueblos para ello, como Polonia, Portugal, Dinamarca, Holanda, Eslovenia, Estonia, etc. Mucho más complicado es encajar el pensamiento liberal con la defensa de la inmodificabilidad de las fronteras de cualquier estado, incluyendo aquellos surgidos de procesos de autodeterminación previos, es decir, los pueblos que se han autodeterminado tampoco están legitimados para impedir la autodeterminación de partes de su estado.

El liberalismo no conoce ni conquistas ni anexiones; como permanece indiferente respecto al Estado en general, no concede importancia alguna ni siquiera a la dimensión de ese Estado, es por tanto el nacionalismo militarista o imperialista el que entiende como nacionalismo la subordinación total e involuntaria del individuo a un proyecto colectivo.

A veces se intenta reducir al absurdo por parte de algunos el derecho de autodeterminación, dicindo que cualquier parte de una parte que se autodetermine podría a su vez, autodeterminarse, ese truco les puede valer ante otro nacionalista esencialista o historicista pero no ante un nacionalista liberal que desde luego no se opondría a cualquier autodeterminación política que partiese de unha voluntad libremente expresada por una mayoria de individuos de una ciudad o un territorio sin carácter nacional reflejado de alguna manera en los individuos que lo pueblan, no obstante esto tiene más relevancia teórica que práctica ya que la mayoría de los casos faltaría el elemento objetivo que se encuentra en los individuos para generar la voluntad de autodeterminación, por ejemplo, una lengua propia, pero si esta voluntad se generase de todos modos, un liberal no se podría oponer.

No debería ser necesario aclarar que la autodeterminación no es sinónimo de independencia, el reconocimiento del derecho de autodeterminación es el reconocimiento del derecho a elegir el marco jurídico-político del cual se quiere dotar ese pueblo incluyendo la posibilidad de compartir o no su soberanía, y en que condiciones está dispuesto a compartirla, o incluso cederla total o parcialmente, en este sentido la cesión de soberanía que implica una organización supranacional como podría ser la Unión Europea es plenamente compatible con la autodeterminación, es de hecho, una de las múltiples posibilidades de ejercicio de la autodeterminación, también seria compatible con la autodeterminación que Galicia, Flandes o Escocia optasen, en ejercicio de su derecho, por mantener el statu quo actual en el que están privadas de soberania, de hecho Escocia tendrá la oportunidad de hacerlo en 2014.

Como digo, en ocasiones hay quien interesadamente identifica univocamente la autodeterminación con la independencia, con la constitución de un estado propio que concentre toda la soberania, cuando esta es apenas una de las múltiples posibilidades de la autodeterminación, si partimos de la lengua y cultura como principal elemento definitorio del orden espontaneo nacional, podremos ver que hay casos en los que de forma libre, encontramos fragmentos de diversas naciones linguísticas dentro del mismo estado, como es el caso de Suiza, casos en los que la mesma nación linguística se encuentra dividida en varios estados como es el caso alemán, ya que tenemos partes da nación alemana (linguísticamente definida) repartida al menos en tres estados; Alemania, Austria y Suiza. Lo que tamén nos indica que si llegasemos a la conclusión de que Galicia y Portugal o Flandes y Holanda comparten idioma, no tendriamos necesariamente que llegar a la conclusión de que tendrían que compartir el mismo estado, todas las combinaciones son válidas siempre que sean fruto de la libre elección de los respectivos pueblos.

Naturalmente la definición lingüística no debería llevar en ningún caso a la exclusión del censo de individuos con posibilidad de opinar sobre el sentido de la autodeterminación en un referendum o plebiscito, por el hecho de que no formasen parte de la comunidad lingüística que representa ese elemento nacional. En mi opinión la lengua es un elemento referencial que nos ayuda a explicar la existencia de una comunidad nacional pero en ningún caso debe ser considerada como una limitación para aquellos que no la hablan aunque sea, como resultado, de un proceso histórico basado en la coerción, es decir, coerciones pasadas, no justifican coerciones futuras tampoco las justificadas en la argumentación de que se trata de reponer la situación anterior, es decir, y para verlo con un ejemplo, que el español se hable en Galicia como fruto de una imposición estatal coercitiva no justifica que se pretenda revertir este proceso através de otra imposición estatal que obligue a usar el gallego o que imponga su monopolio en la educación.

Otro elemento crucial del nacionalismo liberal es el de la plena libertad comercial entre naciones, este es un aspecto fundamental, ya que si las naciones se empeñan en fijar fronteras geográficas específicas que las separe estableciendo dificultades a la libertad de comercio y medidas proteccionistas, entonces inevitablemente surgirá en mayor o menor medida la necesidad de organizar su economía y sociedad sobre la base de la autarquía, que es garantía de un empobrecimiento radical, del retorno al nivel de subsistencia de épocas pasadas, de cualquier nación y esto es así por el alto grado de la división internacional del trabajo, ninguna zona dispone de la totalidad de los recursos necesarios para mantener una economía moderna, por lo que una nación proteccionista se vería abocada continuamente a forzar la expansión de sus fronteras con la finalidad de ganar más recursos económicos materiales y humanos. Generando de esta manera e inevitablemente la lógica del conflicto y de la guerra, que se justifican con la finalidad de expandir fronteras y ganar más mercados y recursos productivos.

Es, por lo tanto fácil de entender que fue el nacionalismo proteccionista, que coincide con el imperialista, el que alentó los grandes conflictos bélicos, la Alemania nazi es un ejemplo de esta necesidad expansionista de las naciones proteccionistas, también, los conflictos que vemos hoy en día entre estados desaparecerían en un contexto en el que existiese un mercado común con completa libertad de comercio entre todos los estados. La lógica del comercio libre entre naciones es la lógica de la paz, mientras que la lógica autárquica y socialista lleva indefectiblemente al conflicto y a la guerra.

Las naciones pequeñas son las que con más facilidad permiten plasmar y poner en práctica la deseabilidad del comercio libre, ya que conforme una nación se encuentre adscrita a un Estado político más pequeño, mucho más difícil le resultará imponer el proteccionismo centralista generador de conflictos bélicos. Esta importante ley económica es sin duda alguna un argumento a favor de la descentralización y la localización política de las naciones en unidades administrativas cuanto más pequeñas mejor.

Un último rasgo definitorio fundamental del nacionalismo liberal es la libertad de emigración e inmigración, que debe estar sometida a los principios generales del derecho, en particular al derecho de propiedad (también sobre las zonas públicas), es decir, el estado no debe levantar fronteras que impidan la entrada de extranjeros mientras estos tengan medios de vida independiente, es decir, un puesto de trabajo o un patrocinador privado, conviene en este sentido, evitar subsidiar la inmigración en base a los mecanismos automáticos del estado de bienestar. Es decir, ni aduanas, ni imanes artificiales, el estado basado en el liberalismo no debe impedir ni fomentar la inmigración.

Los problemas más visibles a los que da lugar la inmigración suelen tener su origen en que no hay, con carácter preexistente, una clara definición y/o defensa de los derechos de propiedad implicados, por lo que aquellos que llegan causan inevitablemente un número de costes externos a los que allí ya residían, lo que termina dando lugar a brotes de xenofobia y violencia que tiene un elevado coste político y social. 


Intervención en Radio Voz sobre as medidas anunciadas por Rajoy

Entre os minutos 22 e 29 a miña opinión sobre as medidas anunciadas por Rajoy hoxe no congreso dos deputados.